Postales desde Budapest

Budapest es una de esas ciudades a las que sabes que volverás.
Porque te cautiva.
Porque apenas comienzas a recorrerla te das cuenta de que te gustan sus calles. Te gusta su ambiente. Te gustan su arquitectura y sus historias escondidas.
Y, cuando menos lo esperas, eres consciente.
Budapest te ha atrapado.
Con su parte decadente y su contraste rompedor. Con sus noches de ruina y sus atardeceres interminables. Con su cocina de autor, sus vinos y sus goulashs. Con su arte callejero y sus pintorescas estampas. Sus garitos con música en directo. Su jazz, su electrónica y su rock.
Y te pierdes en Buda, por sus colinas y cuestas. Por sus esculturas exiliadas al más allá. Por su palacio, sus túneles y sus miradores.
Y te encuentras en Pest. En su barrio judío. En sus zapatos olvidados junto al Danubio o en los cielos de sus iglesias. En sus plazas y mercados, en sus agradables aguas.
Se me resistió Budapest. Durante más tiempo del que me hubiera gustado.
Pero ahora que he estado allí, ahora que la he podido recorrer lentamente, acariciando cada una de sus calles, sé que volveré.

Queda mucha Budapest por descubrir.














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